martes, 21 de diciembre de 2010

Mentiras.
Suelen ser nuestro pan de cada día.
Lo hacemos a diario. Todo el tiempo.
Una mentira por aquí y otra por alla. Una para caerle bien al vecino, otra para el amigo.
Para que tu pareja no se enoje. Para tranquilizar a tu familia.
Para sentirte mejor contigo mismo.

El mundo mismo nos pide que nunca lo hagamos. Que una vida honesta y honrada te hará feliz; sin embargo, la realidad nos ha enseñado que mentir es más fácil. Más cómodo. Más sencillo….

¿Qué hacemos cuando esas mentiras comienzan a dañar a otros? ¿O peor, a nosotros mismos?
Comenzamos a creernos esa mentirilla que repetimos una y otra vez para sentirnos acoplados a nuestra sociedad.
Comienza a envenenarnos, a llenarnos de odio, rencor y envidias a aquellos que, creemos, si dicen la verdad.

Las mentiras generan dudas. Las dudas, suposiciones.
Cuando sospechas, te llenas de rencor. El rencor, genera odio.

Recuerda, que las sospechas, matan.

Aunque claro, la gente ha matado por menos…..


Pero eso no importa porque seguiremos mintiendo y mintiéndonos sin importarnos las consecuencias. Tratando de no pensar en el daño que causamos al decir cosas que… Simplemente, no son ciertas….

jueves, 16 de septiembre de 2010

No soy rara ni estoy loca. Sólo soy diferente.

Desearía que hubiera alguien que pudiera entenderlo,
alguien con quien hablar, alguien más como yo.


domingo, 22 de agosto de 2010


Aún cuando aquellos retoños rosas no habían florecido todavía, eran hermosos. Eran la marca que daba inicio al primer día del resto de mi vida.

A decir verdad, no esperaba grandes cosas o muchos descubrimientos; pero aun así; estaba tan aterrada... Dudaba poder hacerlo sola...


Por ahora, lo único que podía hacer era balancear mis pies, que casi nunca tocaban el suelo, y mirar al cielo. Dejarme llevar por ese dulce vaivén que produce el viento al pasar por las hojas.

martes, 10 de agosto de 2010

Ah, ya veo.

Ahora lo comprendo un poco.

Ya sé por que no nos pediste ayuda aún cuando estábamos cerca.

¿Has crecido sin confiar en los demás, verdad?


Así que ven. Ven aquí.

Yo estaré aquí para tí.

Intentaré cuidar siempre de tí para que jamás estés sola...



Eso fue lo que me prometiste. No sé por qué te creí...



Lo siento.

Perdóname por haberte dejado sola cuando más lo necesitabas.

Por haber dicho todas esas cosas malas acerca de quienes más amabas.

Por haber roto aquella promesa.

Por no haber dicho nada.

Por no haber preguntado.

Lo siento...


No quiero creerte otra vez. No quiero perdonarte pero... No puedo evitarlo...

Sin embargo, el daño ya está hecho.

jueves, 15 de julio de 2010

Escuché este pensamiento en... cierto lugar... Aquí va:


Es simple.

Existe el bien; y existe el mal.

Existen aquellos que cometen crímenes y aquellos que los detienen.

Los dos lados son opuestos. Como el día y la noche.

Y la línea que los divide es clara.

O al menos, se supone que lo sea...


Me pregunto, una buena acción ¿te convierte en héroe?


¿Se es culpable por un simple, un único error?

martes, 6 de julio de 2010

Tranquila.

Mira a tu alrededor. ¿Ves esos árboles? Observa las hojas; con el ir y venir de sus ramas.

Cierra los ojos. ¿Sientes la brisa? Respira hondo, nada nunca es tan malo.

¿Escuchas? El mundo sigue girando a pesar de todo.

Detente un instante, sólo uno.

¿Percibes ese aroma? Es el olor de las flores, nunca lo olvides.

Suspira.

Saborea tu vida por un segundo. Prueba tu libertad y olvídate de los demás..

Aquí lo importante; es que tú seas feliz.

domingo, 20 de junio de 2010

Es de mis mejores recuerdos.

La luz de la Luna a través de la ventana.

Recuerdo como se filtraba a través de la cortina hasta llegar a mi cama.

Ni siquiera sé muy bien como sucedía, pero así era.

Te preguntarás ¿cómo? Pues sí. Siempre dormí en la cama de abajo y es difícil ver por la ventana desde allí; además vivo en la ciudad. En una ciudad llena de luz y sonido las 24 hrs del día. Lo más obvio sería que viera más luces que estrellas. Y sin embargo, no rea así. Era como sí ella me buscara.

Sí, la misma Luna.

miércoles, 16 de junio de 2010

sábado, 12 de junio de 2010

Ese día salí a caminar sin saber muy bien a dónde iba, por qué, ¿a dónde vas cuando tratas de escapar del dolor?

Empecé a buscar entre la gente mientras caminaba sin rumbo. Llegué a un pequeño parque mientras miraba qué chico tenía lindos ojos, quién se veía bien con lentes, su cabello, su ropa, su forma de vestir y de hablar, haciéndome notar entre los chicos de mi edad.

Algunos me veían con curiosidad, otros con interés, con extrañeza o indiferencia, y sin embargo; pronto me di cuenta de que era inútil y estúpido. No tardé mucho en encontrarles defectos, “no sabe hablar”, “peinado extraño”, “pervertido”, “muy alto”, “muy bajo”.. .

Así que, tras cansarme de quejarme de todo lo que se posaba enfrente mío, me di cuenta de que, lo que en realidad me disgustaba ver, eran aquellos que más se parecían a él. Me molestaba ver que tenían la misma forma de hablar, que su peinado era parecido o incluso las mismas ropas...

Desesperada; me senté cansada a mirar al vacío que era esa gran ciudad.

Sin pensar en nada ya, un lindo chico se acercó a mí. Noté que a él ya lo había catalogado; estaba en la clasificación: “cabello demasiado largo para ser corto, y muy corto para ser largo”.

Aunque, visto de cerca, le quedaba muy bien. Unos lindos ojos verde oscuro casi café, y una mirada madura con un toque inocente. Supe que era más alto que yo cuando, al sentarse en la misma banca, tenía que alzar mi cuello para poder verlo.

-Hola!- fue lo primero que me dijo. Me dirigió una cálida sonrisa, de esas que sólo ciertas personas pueden darte.

Sólo pude esbozarle una sonrisa, no supe que decirle.

-Es extraño, pareciese que hace un rato estabas buscando a alguien con desesperación; pero ahora te has rendido...

Aquel a quien busco no está aquí-respondí en automático.

Esbozó una sonrisa mientras cerraba los ojos.-Pues es una pena porque a una chica como tú, dejarla plantada es sacrílego, jejeje- Abrió los ojos y me volteó a ver como si me conociera de toda la vida.

Allí estaba, un chico lindo, tierno, amable, inteligente y hasta algo gracioso. Pero; por alguna razón, a pesar de que el era el chico perfecto, no... no me podía enamorar de él. En mi mente seguía latente su pensamiento, su mirar, sus besos, su sonrisa y todo aquello que lo hacía ser él...

-Eso crees?- pregunté sarcásticamente, pero con una dulce sonrisa -Porque creo que hay alguien no lo ve así, jeje... -

Cerró los ojos y me volteó a ver una vez más.

Soy Adrián ¿y tú? ¿La chica de los lindos ojos tiene nombre?- Preguntó con una divertida sonrisa

-Jajaja... agradezco tus halagos, pero no los uses más por favor, y si, me llaman Parker-

-Bien, nada de halagos, pero no puedo evitarlo, tus ojos y tu mirar me son... tan intrigantes... -

Me quedé divagando acerca de lo que el dijo, ese algo que alguien había dicho también, esa herida que no noté. Que fue creciendo y creciendo hasta que el dolor ya era muy grande...

-Pues bien, creo que ya me voy Adrián- le dije sin mirar.

-Oh, ¿tan pronto? -dijo con una genuina cara de sorpresa- ¿Cuándo te volveré a ver? ¿Cómo te localizo? ¿Tienes mail?- Las preguntas le salían atropelladamente y mi reacción tan repentina lo tomó desprevenido.-¿Te volveré a ver?
-No lo sé.. . Nos vemos- Me acerqué para despedirme, y, aunque tuve que pararme de puntas, besé sutilmente su mejilla. Esperando poder volver a hacer lo mismo... Algún día...

lunes, 31 de mayo de 2010

Estaba nublado, era de noche y no sabía muy porque seguía afuera.
Tal vez sólo quería alejarse de aquel lugar al que alguna vez llamó hogar. Alejarse de los gritos, el llanto, las discusiones. Pero sobre todo, quería alejarse del dolor.
Sabía bien que no se podía vivir sin él, pero, simplemente... En ese momento era demasiado.

Ni siquiera recordaba bien en que momento había salido. Hacía un par de horas, creo. Volvería en un par de horas más. Siempre volvía.

Subió la cremallera de su sudadera y se ciñó la capucha a la cabeza. Pronto llovería.

Sentía monedas y billetes en los bolsillos de aquella sudadera que tanto le gustaba; no sabía bien cuanto dinero traía pero más le valía saberlo pronto, porque no tenía ni idea de en dónde estaba y tendría que tomar el transporte público para regresar a casa.Por ahora eso no importaba.
Por lo menos, eso nunca había faltado en el lugar en que vivía; aunque no sabía bien que tan bueno era eso.
¿Qué más da? Pensó sin darle mucha importancia.

Entró a una pequeña cafetería que, aunque no lucía mucho por fuera, se veía bastante acogedora por dentro.

Deteniéndose en la entrada, se fijó en cada uno de los detalles del lugar. Los sillones bajos en vez de sillas, pósters de películas famosas donde debería de haber cuadros; todos los estilos y formas de arte mezclados entre sí cubriendo cada elemento del restaurante.

Se sentó en el más mullido de los sillones, aquel que daba a la ventana, la más alejada de la puerta. Tal vez éste se volvería mi lugar secreto, pensó disimulando una sonrisa.

Miró la carta que tenía en la mesa y pidió un latte de vainilla con un pay de queso a la mesera que se le había acercado, apenas la había mirado y sin embargo le dirigió una sonrisa. Se quedó mirando las gotas de lluvia que se estrellaban contra la ventana sin pensar en nada más. Se estaba acomodando en el sillón cuando escuchó que alguien entraba.
Allí estaba ella, parada como si fuese la reina del lugar. Con ese extraño aire de inocencia que la hacía inconfundible.


Después de todo, no había desperdiciado el día; no del todo.

lunes, 24 de mayo de 2010

Dejó que la lluvia empapara su rostro.

Dejó que sus oídos escucharan caer cada gota.

Cerró sus ojos ante el mundo que lo rodeaba.

Olía a tierra mojada... Eso era algo que recordaba bien...

Allí, atrapado en aquella ciudad tan abarrotada, en la azotea de mi casa, de donde todo se veía mejor; empezó a llorar.


Una por una, sintió como caían por sus mejillas; saboreando cada gota salada, extrañamente calientes...
Pero, vi que por cada lágrima, te iba olvidando. Te estaba dejando atrás a tí y a esos recuerdos, a esos hermosos recuerdos que hoy, duelen.

-Esta bien si ya no estamos juntos, supongo... que será lo mejor para los dos.- Fue exactamente lo que dijo, tras varios minutos que me parecieron horas. -Estaré bien.-

-No quieres que te lleve a casa?- Le pregunté. Sabía que estaba herido y no quería dejarlo así.

-No, quiero caminar, gracias.- Se despidió de mí con un cálido abrazo. No recuerdo que se despidiera de mí así desde que éramos niños.

Decidí que era lo mejor, que estaría bien. Era fuerte.

Yo por mi parte, estaba cansada y necesitaba dormir. Dejaría mi celular encendido toda la noche, seguro querría hablar y la noche era su momento favorito.



Pronto estarás bien. Te lo aseguro.

sábado, 15 de mayo de 2010

Eso era lo único que merecía mi atención. El tic-tac del reloj. Su interminable melodía y su perfecto ritmo.
No es que crea al tiempo lo suficientemente importante. No lo es, de eso por lo menos si estoy segura. Pero el sonido era constante y armonioso. Merecía ser escuchado.

En el otro cuarto, se escuchaba la acalorada conversación de mi familia y amigos. O bueno, así se hacían llamar; pero... No me sentía a gusto con ellos
Ni con el abrazo de aquellos a los que creí amar, o la compañía de aquellos que creía conocer.

No, pero se requiere valentía para admitir que alguien conoce a otro alguien.
¿Será valentía o pura tontería? Solo idiotez. Todos sabemos que no puedes conocer a nadie.

Permanecemos ignorantes ante el pensamiento ajeno. Vivimos entre extraños, y aún con esa realidad inminente; no dejamos de buscar a ese alguien que nos haga sentir especial.

¿Especial? Admitámoslo, no somos especiales. Somos sólo un error de la naturaleza, una falla en el planeta. Sin ton ni son. Sólo somos.

Pero, ¿por qué entonces nos asusta la soledad? ¿Qué es aquello que tanto nos atormenta?

Es eso. Estar sin nadie a tu lado. Pensar, reflexionar, vivir, existir. Conocerte. Y reconocerte a tí mismo.

¿Es eso lo que tanto asusta? ¿Darse cuenta de su verdadera personalidad? ¿Les da temor notar la realidad de su ser?

No entiendo que tiene de malo la soledad. Muchas veces es la mejor compañera.
O incluso, una amiga.

Supe de alguien, no de alguien cualquiera, de UN alguien, que, para él; la soledad era una droga. Que no se puede vivir sin ella pero tampoco con ella.
Realmente creo que es así. Y, aunque jamás lo había pensado de esa forma, me encanta.

Continúa el reloj con su interminable tic-tac. A muchos los desespera, a mí en cambio, me relaja; porque a diferencia del mundo en el que vivimos, es constante

lunes, 10 de mayo de 2010

Uno.
Dice amarme, pero ni siquiera me hace caso
Dos.
Dice amarme, pero dijo que me había vuelto “mediocre”.
Tres.(Y se supone más importante).
Creo que le incomodo. O ya no me ama. O no le intereso más. O solo … Se ha olvidado de mí…

domingo, 2 de mayo de 2010

Tristeza.

Felicidad.

Soledad.

Sentimientos, emociones, situaciones que nos hacen la vida imposible.

En el fondo, sabemos que si no existieran seríamos la máquina perfecta.

Sin remordimiento, sin culpa, sin conciencia.

Por desgracia, son todas estas realidades las que nos vuelven humanos, las que nos diferencían de las bestias.


....


No sé que más decir.

Sólo expresaba mi burda, humilde y vana opinión.


Pero me pregunto, ¿son estas las situaciones las que nos acercan, o nos alejan de convertirnos en bestias?

sábado, 17 de abril de 2010

La brisa nocturna soplaba por entre los árboles de esa pavimentada calle, acariciando suavemente cada una de sus hojas.
El auto avanzó lentamente al cambio de luces, y, aunque estabas a un lado mío, bien podrías estar a mil millas; y francamente, no me importaba; ya no.Seguimos aquel largo camino, y yo continué mirando por la ventana, alejada de aquella realidad que tanto me atormentaba.
Deseaba tanto estar en aquel lugar, ese lugar que me hacía olvidar el mundo exterior, los problemas, las preocupaciones y el futuro que me esperaba... Tantos asuntos por resolver, problemas a tratar, un mundo al cual tenía que poner orden.
¿Qué era lo único que yo anhelaba? Recostarme en el césped húmedo por el rocío con los pies descalzos, quedarme toda la noche mirando la Luna y las estrellas, sin tener que preocuparme por que tengo que hacer al día siguiente y al día después de ese.
Pero por supuesto, en mi vida nunca hay tiempo para eso; siempre hay algo. Una cita aquí, una reunión allá..
-Luces triste- me dijo sin darle importancia.
-Ah, ¿si?- pregunté volteando a verlo por primera vez en toda la noche- No es nada.- Dije sonriendo.
Nada, al final... Nada.
-Me alegra- Me sostuvo una mirada cálida y suave, pero rápidamente volvió a sus asuntos.
Seguí con la mirada a una joven pareja que reía bajo la luz de aquella solitaria Luna hasta que dimos vuelta y los perdí de vista.
Volví la vista a aquella persona que ahora me parecía desconocida, y cavilé acerca de porque seguía con ella.
Como siempre, él no se daba cuenta; le cambiaba al radio, se quejaba de las calles, el tráfico y del mundo en general.
Me quedé mirando sus facciones, sus ojos, su boca, sus mejillas; memorizando la forma y posición de cada lunar que había en su cara.
-Llegamos- Dijo sin siquiera mirarme. - Iré a dormirme ahora mismo, mañana tengo cosas que hacer y debo levantarme temprano.-
Estacionó bien el auto en el garage y cerró la puerta sin darse cuenta que yo seguía adentro.
-Nada, al final nada...-

sábado, 10 de abril de 2010

Hola!

Sean bienvenidos a este, mi humilde espacio.

Sé que no soy una gran escritora, pero... Pasa y comenta.

Sin compromisos...

viernes, 9 de abril de 2010

Silencio.

Muchas veces, es mi melodía favorita.

El reconfortante sonido de la nada.

El de aquel que guarda respeto.

De cuando los enamorados conversan en silencio.

Huella que deja el que se va

Instante en el que el mundo se paraliza.

Sensación que se convierte en inspiración.

Triste momento antes de la verdad.

Sé que es incómodo para muchos pero, para aquellos que viven entre el incontrolabe ruido sin sentido; silencio es el tema musical que te aleja de la realidad.