Dejó que la lluvia empapara su rostro.
Dejó que sus oídos escucharan caer cada gota.
Cerró sus ojos ante el mundo que lo rodeaba.
Olía a tierra mojada... Eso era algo que recordaba bien...
Allí, atrapado en aquella ciudad tan abarrotada, en la azotea de mi casa, de donde todo se veía mejor; empezó a llorar.
Una por una, sintió como caían por sus mejillas; saboreando cada gota salada, extrañamente calientes...
Pero, vi que por cada lágrima, te iba olvidando. Te estaba dejando atrás a tí y a esos recuerdos, a esos hermosos recuerdos que hoy, duelen.
-Esta bien si ya no estamos juntos, supongo... que será lo mejor para los dos.- Fue exactamente lo que dijo, tras varios minutos que me parecieron horas. -Estaré bien.-
-No quieres que te lleve a casa?- Le pregunté. Sabía que estaba herido y no quería dejarlo así.
-No, quiero caminar, gracias.- Se despidió de mí con un cálido abrazo. No recuerdo que se despidiera de mí así desde que éramos niños.
Decidí que era lo mejor, que estaría bien. Era fuerte.
Yo por mi parte, estaba cansada y necesitaba dormir. Dejaría mi celular encendido toda la noche, seguro querría hablar y la noche era su momento favorito.
Pronto estarás bien. Te lo aseguro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario