lunes, 17 de enero de 2011

Era de noche. Y por supuesto, estaba oscuro.
Por si no fuera poco, también llovía.
Pero claro, para cuando salí de casa, eso era lo último que me importaba.
Afortunadamente, esta vez no había olvidado mi sombrilla.

Salí a lo que me habían mandado.

Esta bien, esta bien. Yo me ofrecí.

Es sólo que no aguantaba más estar entre esas personas. Hablando de dinero, de canales de televisión de paga, cosas de ricos, de gente que sólo se creía rica...

Siempre terminaban por provocarme esa horrible sensación de enojo; de frustración, de desesperación. De ira.

Y lo siento. Lo siento mucho, pero yo no pertenezco a ese mundo.
Sé que hay cosas más importantes, más interesantes, más valiosas que el dinero.

Ese aire... Me estaba asfixiando.


Caminé por la acera. Me alegraba que mis pies conocieran el camino, así podía mirar las pocas estrellas y la sonrisa de la Luna sin caerme.

Fue cuando te ví.

Te distinguí bajo la luz de un farol.

La calle estaba desierta

No traías nada con que cubrirte de la lluvia.

Vi tu cabello empapado y tu piel azotada por el frío.

Sin embargo, parecías disfrutarlo.

Jamás vi nada parecido.

Estabas, literalmente bailando y cantando bajo la lluvia.


Nunca vi nada tan hermoso.

Clavaste tus hermosos ojos en los míos durante un largo rato. Me pareció una eternidad y no me habría importado de haber sido así.


Recuerdo tan bien tus palabras y la melodía de tu voz, como si recién hubiese ocurrido.


-Nada me hace tan feliz como sentir la lluvia en mis mejillas.

Supongo que para eso estamos todos aquí, ¿no? … Para ser felices. -

Me hiciste un gesto con tu empapada mano y te fuiste.


Largo rato me quede mirando el vacío que habías dejado en aquel lugar. Pensando en lo que hiciste y lo que dijiste.

Decidí seguir entonces con mi vida, ir hacia donde me dirigía pero con una diferencia: Tenía una sonrisa en la boca. Tú me la habías dado...


No te he vuelto a ver.

Tampoco te he buscado.

Dudo que haga falta. Lo que me diste fue invaluable.


Gracias.

sábado, 1 de enero de 2011

Escribí esto hace un tiempo... Ahora que lo pienso, parece que fue hace una vida...



¿Has sentido a tu corazón cansado de latir?


No es una sensación agradable.

Sucede cuando estás cansado de enamorarte.

Cuando no eres correspondido.

Cuando no te puedes decidir.

Cuando descubres que tus decisiones fueron las incorrectas.


Uno no elige enamorarse.

Mucho menos de quién enamorarse.

Son cosas que sólo ... Ocurren.


Siempre he creído que las cosas ocurren por una razón; sin embargo, cuando las cosas no ocurren como tu las deseas; empiezas a sentir dolor, culpa, tristeza...

Uno no decide amar a alguien.

Dudo que sepamos siquiera lo que es amar a alguien.

¿Cómo sabes que lo que sientes es amor? ¿No te estás confundiendo? ¿Es que acaso no pensaste que tal vez podrías tener sólo un capricho? ¿Sólo una necesidad?

¿Cómo sabes a que huele la vainilla, si no sabes que es la vainilla? ¿Podrías asegurarme que ese aroma es el de la vainilla? ¿Apostarías tu vida?