martes, 21 de diciembre de 2010

Mentiras.
Suelen ser nuestro pan de cada día.
Lo hacemos a diario. Todo el tiempo.
Una mentira por aquí y otra por alla. Una para caerle bien al vecino, otra para el amigo.
Para que tu pareja no se enoje. Para tranquilizar a tu familia.
Para sentirte mejor contigo mismo.

El mundo mismo nos pide que nunca lo hagamos. Que una vida honesta y honrada te hará feliz; sin embargo, la realidad nos ha enseñado que mentir es más fácil. Más cómodo. Más sencillo….

¿Qué hacemos cuando esas mentiras comienzan a dañar a otros? ¿O peor, a nosotros mismos?
Comenzamos a creernos esa mentirilla que repetimos una y otra vez para sentirnos acoplados a nuestra sociedad.
Comienza a envenenarnos, a llenarnos de odio, rencor y envidias a aquellos que, creemos, si dicen la verdad.

Las mentiras generan dudas. Las dudas, suposiciones.
Cuando sospechas, te llenas de rencor. El rencor, genera odio.

Recuerda, que las sospechas, matan.

Aunque claro, la gente ha matado por menos…..


Pero eso no importa porque seguiremos mintiendo y mintiéndonos sin importarnos las consecuencias. Tratando de no pensar en el daño que causamos al decir cosas que… Simplemente, no son ciertas….

No hay comentarios:

Publicar un comentario