Aún cuando aquellos retoños rosas no habían florecido todavía, eran hermosos. Eran la marca que daba inicio al primer día del resto de mi vida.
A decir verdad, no esperaba grandes cosas o muchos descubrimientos; pero aun así; estaba tan aterrada... Dudaba poder hacerlo sola...
Por ahora, lo único que podía hacer era balancear mis pies, que casi nunca tocaban el suelo, y mirar al cielo. Dejarme llevar por ese dulce vaivén que produce el viento al pasar por las hojas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario